Al llegar el mes de noviembre comienzan a
celebrarse las magostas, que son reuniones al aire
libre de grupos particulares o de todo un pueblo en
torno al asado de castañas.
Se festeja el final del verano y la llegada de
la época oscura, de menos luz y más recogimiento.
Sus elementos principales son la castaña -el
elemento que da la vida- y el fuego -como
elemento purificador-, lo que nos dice que
estamos ante uno de los ritos más ancestrales y
atávicos de la humanidad.
Al estar muy cercanas -las magostas- a la
celebración del día de los difuntos, conservan
algunos elementos mágicos. En algunos pueblos,
durante la Magosta, los mozos tiznaban su cara de
negro y saltaban la hoguera. Otros llegaban a pisar
descalzos las ascuas ardientes.
En otras aldeas existía la costumbre de
dejar la última castaña para la bruja, para con elloÇ
aplacar su maldad. Pero en otros pueblos se escogía
la castaña más ruin y se la enterraba, no sin haberla
molido a palos, como acto simbólico en contra de
la adoradora de Satanás.
Hay testimonios de gente que deja el fuego
del hogar encendido y varias castañas asadas en las
cocinas por si aparecen las almas de los familiares
difuntos.