La Jumaza

Esta tradición consistía en una reunión de
dos familias, entre las que hay una relación de
noviazgo entre dos de sus miembros. Aunque en la
actualidad está en desuso, era muy frecuente en el
Valle de Iguña celebrar las jumazas -así es como se
llama dicha tradición- para apalabrar dotes entre
los consortes y hacer oficial el noviazgo.
Todo comenzaba la noche anterior de
hacer las proclamas, en casa de la novia, con una
visita del pretendiente y su familia. Allí, al calor
del hogar, donde una olla y el olor que desprendía
anunciaba una copiosa cena comenzaban las
conversaciones sin importancia, entre tragos de
vino y risas. No se podía sacar el tema importante
hasta después de la cena -que normalmente consistía
en patatas guisadas con carne-.
En un momento de silencio el padre del
novio solía decir:
“Aquí ya se sabe a lo que hemos venido:
paréceme que los mozuelos se quieren y que debemos
darles algo con que puedan ir gobernándose
ahora a lo primero”
Acto seguido, tras la aprobación de todos
los presentes, el padre expone la dote que le da a su
hijo -mieses, medidas en carros, por lo general- y
da paso al padre de la novia que hace lo mismo,
dejando dote a su hija. En ese momento los futuros
contrayentes hacían peticiones de vacas, ropas o
utensilios para el hogar.
Si todo el mundo estaba conforme se
redactaba en un papel todo lo hablado y se firmaba
para que nadie pudiese echarse atrás.
Al día siguiente se hacían las proclamas a
todos los vecinos y se ajustaba el día de la boda, a la
que asistían casi todos y ese día las mozas del pueblo
cortejaban a la pareja de novios dedicandoles
lostradicionales cantos de enhorabuenas y
despedidas.