Las Jilas

“Jilas” es el nombre que reciben en la
mayoría los pueblos de Cantabria las reuniones
para hacer la labor de reducir a hilo la lana y el lino
-y que son el equivalente a los filandones asturianos,
las fiadas gallegas, los hilorios burgaleses o
los hilanderos madrileños-, donde armadas del
huso y la rueca, hilaron las mujeres los tejidos que
luego serían su sencilla vestimenta.
En las jilas de antaño, se aprovechaba para
entablar conversación, recordar tiempos pasados,
comentar todos los “asuntos” del pueblo, contar
historias de ánimas y aparecidos, cantar romances
o establecer relaciones formales si se daba lugar.
No era extraño que todo ello acabara siendo un
jolgorio, -y al igual que sucedía en las deshojas del
maíz- y los enamorados buscaban en la penumbra
de los rincones el contacto.
“Las estancias” son una variación sobana
de las jilas, que consisten en reunirse en una
cabaña varios miembros de dos o tres familias. En
algunas ocasiones, las mujeres se reunían en una
cabaña diferente de la de los hombres. En estas
estancias -a parte de jilar- corrían los refranes, los
dichos, los cuentos, leyendas y romances y al final
de la labor se solían prolongar con bailes tradicionales.