Como muchas romerías cántabras, ésta
tiene su origen hechos milagrosos, con su leyenda
y sus variantes.
Una de esas variantes, de tradición oral,
cuenta que a una pastora se le apareció la Virgen
entre unos hayedos, acompañada de una música
dulce. La Virgen dijo a la muchacha que tenía que
ir al pueblo de Aniezo a hablar con el regente de la
iglesia y encargarle la labor de escavar la tierra,
donde encontraría una imagen suya para ser
venerada. Al bajar al pueblo el párroco no la cree,
con lo que la pastora vuelve donde la Vírgen, y
ésta, la marca con sus dedos una cruz en la frente a
la niña, para que así el cura pueda creerla. Así fue,
y al día siguiente se presentan en la falda de
Peñasagra y al cavar en el lugar de la aparición
encuentran la imagen tal como había pronosticado.
Desde entonces se venera a dicha imagen y
se construyó un santuario para tal fin.
Pese a que su fiesta es el 2 de mayo, ya el
día 24 de abril comienza el proceso con una
procesión que conduce a la Virgen hasta el barrio
de Somaniezo, donde pasa la noche y al día
siguiente es trasladada hasta la iglesia parroquial
de Aniezo, donde comienza la Novena.
Tras la misa que se celebra el día 2, sale de
Aniezo y pasa por Cambarco, Frama, Potes ,
legando a Sto. Toribio. En cada término municipal
se une el pendón parroquial junto a las cruces
procesionales. Los alcaldes de los municipios
chocan sus bastones de mando turnándose en el
recorrido.
Al llegar a Santo Toribio, el Lignum
Crucis sale al encuentro y acompaña a «La Santuca»
. Al terminar la misa, se inicia el regreso. La
Virgen es bajada a la parroquia de Potes donde se
reza el rosario y retorna a Aniezo. El día 4 regresa
su casa en la ladera de Peña Sagra en la que se
puede considerar una de las romerías más largas
con 28 kilómetros de recorrido.