El origen de este tipo de manifestaciones es muy
antiguo y tenían lugar cuando un viudo o una viuda se
volvían a casar. Su significado podría interpretarse de
varias maneras como protesta, desagravio, burla, agravio,
alegría.
Esta costumbre de dar cencerradas ha estado
extendida por muchos pueblos y ciudades de la península,
siendo casi de obligación dar la monserga y hacer ruido,
todo lo que se pueda. En ella participan los mozos que,
provistos de campanos, se pasaban la noche tocándolos a
la ventana de los recién casados armando el mayor
escándalo posible, hasta que el novio, pagaba una cantidad
de vino que fuese del agrado de los rondadores. Otras
veces incluso después de haber recibido el vino continuaban
con su serenata, y no faltan ejemplos que nos
cuentan que esto se repetía a veces hasta ocho noches
seguidas.
De igual modo, cuando el novio era forastero y
no había pagado “la patente” a los mozos del pueblo de la
novia, éstos vestían a dos muñecos de novio y novia y los
paseaban por todo el pueblo cantando coplas alusivas. Lo
peor era si los que se iban a casar habían tenido cualquier
cosa desagradable anteriormente por muy insignificante
que fuera, que entonces los cantares eran alusivos a ese
hecho. Si la cosa había sido de bastante importancia, lo
mejor era taparse los oídos para no escucharlo, pues
entonces se cantaban verdaderas barbaridades.