La Deshoja

El otoño o “tardíu” y el viento sur –
llamado también “el aire de las castañas”- anunciaban
tiempos para el matacío y la deshoja. Se
aprovechaba el mal tiempo y los espacios cerrados –
como desvanes o grandes soportales- para deshojar
las muchas panojas recogidas a finales del verano.
Se necesitaban varios días y mucha gente para esa
labor.
Era una oportunidad para socializar entre
jóvenes y viejos, mozos y mozas, que se daban cita
en desvanes y rincones para charlar, cantar, contar
cuentos o tocar el rabel. El ambiente era festivo,
siempre acompañado de generosas dosis de anís,
orujo y castañas cocidas o asadas. Con el harina de
maíz se hacían boronos, pulientas y tortos fritos.
Se trenzaban las panojas en ramos llamados
frailes o hatillos y se colgaban en las socarrenas
o en las solanas y corredores. Con las hojas
quitadas en la deshoja se hacían rellenos para
colchones -jergones- y almohadas.
De las hojas que se obtenían se hacían
rellenos para colchones (jergones) para los niños,
y almohadas.