Fiesta de la Perola en Vargas

Como muchas otras celebraciones populares
tiene un origen con un poso de leyenda, de
la cual hay varias versiones. Los hechos ocurrieron
hace dos siglos, según cuenta la tradición
oral, aunque no faltan relatos que le atribuyen
origen medieval.
Se cuenta que por las cercanías de lo que
hoy es el pueblo de Vargas se había extendido la
peste causando muchas muertes, con el consiguiente
pánico entre los habitantes. Fue entonces
cuando un pobre mendigo pasó por el pueblo
pidiendo limosna y alimento. Fue tan bien
atendido por los vecinos, prometió rezar por
todos a fin de que San Sebastián no permitiera la
entrada de la peste en el pueblo. Según una
variante de la leyenda el mendigo era el propio
san Sebastián. En cualquier caso Vargas nunca
sufrió el azote de la enfermedad gracias a este
personaje.
Desde entonces, sus vecinos, en agradecimiento
a aquel hombre, hicieron la solemne
promesa de que cada año, el día de San Sebastián
tras la misa mayor, se celebraría una fiesta en la
que darían de comer a cuantos mendigos, pobres
y personas acudiesen al portal de la iglesia de la
localidad. La comida se celebra a la sombra de los
árboles que hay enfrente de la iglesia y después
del rosario el párroco repartía limosnas entre los
necesitados.
Antiguamente la celebración empezaba
el día anterior a San Sebastián, donde se reunían
todos los vecinos convocados a concejo al son de
campana tañida. Y como en muchos concejos
cántabros se reunían a la sombra de los árboles
cercanos a la iglesia.

Como muchas otras celebraciones populares
tiene un origen con un poso de leyenda, de
la cual hay varias versiones. Los hechos ocurrieron
hace dos siglos, según cuenta la tradición
oral, aunque no faltan relatos que le atribuyen
origen medieval.
Se cuenta que por las cercanías de lo que
hoy es el pueblo de Vargas se había extendido la
peste causando muchas muertes, con el consiguiente
pánico entre los habitantes. Fue entonces
cuando un pobre mendigo pasó por el pueblo
pidiendo limosna y alimento. Fue tan bien
atendido por los vecinos, prometió rezar por
todos a fin de que San Sebastián no permitiera la
entrada de la peste en el pueblo. Según una
variante de la leyenda el mendigo era el propio
san Sebastián. En cualquier caso Vargas nunca
sufrió el azote de la enfermedad gracias a este
personaje.
Desde entonces, sus vecinos, en agradecimiento
a aquel hombre, hicieron la solemne
promesa de que cada año, el día de San Sebastián
tras la misa mayor, se celebraría una fiesta en la
que darían de comer a cuantos mendigos, pobres
y personas acudiesen al portal de la iglesia de la
localidad. La comida se celebra a la sombra de los
árboles que hay enfrente de la iglesia y después
del rosario el párroco repartía limosnas entre los
necesitados.
Antiguamente la celebración empezaba
el día anterior a San Sebastián, donde se reunían
todos los vecinos convocados a concejo al son de
campana tañida. Y como en muchos concejos
cántabros se reunían a la sombra de los árboles
cercanos a la iglesia.