A partir del siglo XVII, debido al crecimiento
de la población y a las mejores condiciones
económicas de la época, nacen unas nuevas
necesidades en la casa tradicional, que se va
modificando y deriva hacia el modelo por excelencia
de la casa tradicional en Cantabria
Se pasa de una, a dos plantas. Sobre las
mismas casas llanas se elevan alturas de distintos
tamaños, dependiendo de si se quería un desván o la
ampliación de la vivienda. Aparece la pajareta que se
trata de una especie de balcón voladizo cubierto que
sustituye al horreo en sus funciones agrícolas y que
será el precedente de la solana. Los modelos de casas
con pajareta son un claro ejemplo de la transición
entre la casa con planta baja y la que tiene una planta
más, ya que se trata de algo intermedio.
También se desarrolla un elemento muy
significativo de la arquitectura montañesa como es la
agrupación de casas en hilera, que se van añadiendo a
una casa original. Las casas añadidas generalmente
eran habitadas por hijos y nietos.
La situación geográfica determina el
material utilizado en la construcción. El uso de la
madera en las casas estaba más extendido en valles
medios y altos y más limitado en la costa. Las
estructuras de las casas se completaban con maderas
como el roble, castaño o nogal.
En zonas costeras se usa piedra caliza de
cantera, en las zonas altas de montaña suele usarse
piedra arenisca de canteras próximas y, en los
valles, se usa canto rodado de los ríos para la
mampostería y piedra arenisca de cantera.
Durante el Barroco, que llegó hasta
mediados del siglo XVIII, se alcanza el mayor
esplendor del estilo, construyéndose muchos
palacios y casonas, impulsados por el dinero que
llegaba de América y, aunque en su origen la
mayoría no tenían solana, la añadirían posteriormente
en la fachada sur.
Hasta mediados del siglo XIX no se utilizó
el vidrio en las ventanas, por lo que la luz interior
de las casas era mínima y se conseguía abriendo
las ventanas de madera. En los siglos XIX y XX, en
algunos edificios, se añadirían miradores o
galerías por caer en desuso la solana como
secadero de productos agrícolas. A principios del
siglo XX y debido a la evolución económica y
social que modifica las costumbres cotidianas y de
trabajo, se produce una ruptura en la manera
tradicional de construir.
También han contribuido a ello otros
factores externos como la construcción de
carreteras, que altera la estructura de las aldeas; la
industrialización y la minería, que se convierten en
la actividad predominante frente a la ganadería,
que pasa a ser actividad complementaria y la
emigración que ha propiciado el abandono de
pueblos y aldeas.