Desde principios de la Edad Media, los nobles
y los potentados mandaban edificar numerosas casas
que arrendaban a sus villanos y siervos. También
muchas casas eran propiedad de los distintos cabildos
y abadías como son los de Santillana del Mar,
Santander, Cervatos, San Martín de Elines, la colegiata
de Castañeda, el monasterio de Santa María La Real de
Piasca o la iglesia de Castro Urdiales. Por otra parte,
proliferan en los siglos XIV y XV, varios monasterios
laicos a modo de comuna, que estaban regidos cada
uno por leyes diferentes y en la que sus moradores se
obligaban a si mismos a realizar trabajos públicos y de
ayuda mutua. El crecimiento demográfico alrededor
de estos núcleos favoreció el nacimiento y la
evolución de aldeas.
Tanto las casas señoriales, las iglesias y
colegiatas, como las casas más humildes estaban
construidas por los mismos arquitectos, canteros y carpinteros. Además las construían con las mismas
piedras y maderas que el propio entorno les
proporcionaba.
Las casas más antiguas que se conservan en
Cantabria datan de finales de la Edad Media (siglo
XV). Anteriormente eran de madera, paja y retama,
razón por la que no se ha conservado ninguna.
El modelo de piedra llega, entre otros, de la
mano de los canteros de la región francesa de la
Borgoña y comparte similitudes con modelos
franceses y suizos, pero una vez adaptados a nuestro
entorno se transforman iniciando los parámetros de
un estilo propio.
La casa llana es un tipo común en toda
Europa occidental se trata de casas de piedra, de
planta baja, con huerto y patio o corral donde suele
haber un horreo y un pozo.
Recoge varias influencias arquitectónicas en
su primer desarrollo y claras influencias alpinas en el
tratado de la madera y de las cornisas. Éstas, aún no
desarrollan el modelo de construcción cántabra, pero
sirven de base para ello.
Inicialmente tienen una sola planta, la
cubierta a dos aguas y la fachada principal se
encuentra por lo general en el hastial o jastial. Por
hastial se entiende la fachada lateral de la casa
enmarcada por las vertientes del tejado, con la parte
superior en forma angular. En zonas montañesas, las
casas están unidas por los hastiales, los cuales reciben en este caso el nombre de medianería o pared
medianil.
Coincidiendo con la época del descubrimiento
de América, lo que marca el final de la
Edad Media, se desarrolla su evolución y empieza a
perfilarse un soportal o zaguán y una segunda
planta. Es a partir de los siglos XVI y XVII cuando se
configura plenamente el estilo típico de la
arquitectura de Cantabria y su apogeo llega hasta la
primera mitad del siglo XX.
A partir del siglo XVII es cuando parte de la
gente más humilde pudo ser propietaria de sus casas.