Se trata de la construcción más popular y numerosa de Cantabria. Su fachada principal suele estar orientada al sol y a la luz. Sus muros son de piedra de mampostería. Los muros cortafuegos, los esquinales, los recercos de las puertas y ventanas con sus jambas, dintel, agujas, tranqueros, antepecho y solera son de piedra de sillería. Su planta es generalmente rectangular, con cubierta a dos aguas y viga cumbre paralela a la fachada, orientada al mediodía o al saliente. La casa montañesa tiene en su planta baja la cuadra para el ganado.
Algunas casas conservan uno o varios arcos con un pórtico sustentado por una columna clásica o un pie derecho. Éste da acceso al espacio intermedio llamado soportal o zaguán abrigado entre la calle y la casa y precede a la puerta de la casa. Se usa para guardar el carro y para realizar trabajos artesanos como albarcas, instrumentos de madera y aperos. En la actualidad, en algunas casas se ha sacrificado parte del soportal para ganar una habitación más. Originalmente los soportales de muchas casas estaban flanqueados por una o dos habitaciones destinadas a alojar “al criado” o para acoger esporádicamente a los peregrinos y viajeros.
La gran cantidad de habitáculos de este tipo que se conservan en casas particulares de Cantabria refleja la antigua costumbre de acoger a los peregrinos que siempre han llegado a Cantabria bien sea por el camino del norte como por el camino marítimo que partía del puerto de La Rochelle, en la costa atlántica francesa hasta los puertos de nuestra región buscando ancestrales lugares de culto.
Curiosamente, en el llamado Camino de Santiago de la Meseta, no resultaba habitual acoger a los peregrinos en casas particulares y éstos eran acogidos en albergues llamados hospitales. También en Cantabria los peregrinos disponían de hospitales (de hospitalidad), como el de Abaño en San Vicente de la Barquera, que aún se conserva, aunque en mal estado.
A través de las peregrinaciones se han consolidado antiguas relaciones culturales, como la influencia arquitectónica entre los pueblos de centro Europa y los del Arco Atlántico, que comprende las Islas británicas, Irlanda, Bretaña y el norte de España. Otro elemento importante es el vestíbulo, llamado estragal. Se encuentra al franquear la puerta principal o el soportal y da acceso al resto de las dependencias de la planta baja: la cocina, la despensa, la bodega y la cuadra. En el estragal, también se encuentra la escalera que accede a la planta superior. En ella están los dormitorios y una sala de estar por la que generalmente se accede al elemento más típico de esta construcción, que es la solana.
La solana es la balconada situada en la fachada principal de la casa, enmarcada entre los muros laterales (hastiales o cortafuegos). Está cubierta con el alero, que sobresale del muro para proteger la pared de la lluvia y de la nieve.
Tiene tornos y barandilla de madera, generalmente pintado de marrón oscuro. Es el lugar donde se encuentra el tendal o tendedero, cuyos soportes suelen estar decorados con formas de animales. Los tornos de la casa montañesa están más elaborados que los del resto de Cantabria. Debajo de la solana generalmente se encuentra el soportal. Estos dos elementos son espacios fundamentales, tanto por su estética reconocible y su carácter autóctono, como por su importancia para la vida social de sus moradores.
Los hastiales están rematados en su parte superior por unas molduras o ménsulas de piedras labradas que sirven de apoyo a las vigas que configuran el alero. En su parte inferior lo están con unas molduras a modo de ménsulas que adoptan una forma en S llamadas golas, o forma de pecho de paloma.
Las paredes de la casa montañesa suelen estar revocadas y encaladas en blanco aunque algunas estaban pintadas con cal coloreada de color añil o verde claro.
El origen del encalado de iglesias y casas se debía a la necesidad de desinfectar en tiempos de enfermedades contagiosas como la peste. Antiguamente se lucía la piedra sin revocar, destacando en su parte inferior las jambas de las puertas y los recercos de las ventanas. Es muy común encontrar hileras de casas montañesas unidas entre sí por los hastiales o medianerías que, en muchas ocasiones, eran construidas para los hijos o nietos. Es normal que la casa rural montañesa tenga construcciones anexas destinadas a guardar aperos, grano y forrajes, como hórreos, cuadras, socarrenas o invernales.
La casa montañesa se extiende por tierras bajas y medias presentando diversas variantes, entre las que destacan las casas abuhardilladas; las casas de balcón entre muros cortafuegos con ménsulas molduradas, las casas en las que el balcón se apoya sobre machones laterales y las casas de balcón voladizo donde desaparece el zaguán.
Las portilleras (medias puertas) son un añadido independiente a la puerta principal de las casas o de la cuadras de la zona de Luena. Su misión es diversa: proteger el habitáculo de la entrada de animales, permitir la ventilación y proteger la puerta en caso de nevada. En numerosos pueblos de este valle, como Bollacín, Sel Viejo, Carrascal, o Resconorio se conservan portilleras.