Los molineros

Los molinos movidos por corrientes de agua eran, antaño,
instalaciones muy sofisticadas y costosas, y por eso los
Concejos, o Juntas vecinales, tanto de villas como de
aldeas, eran los que los construían, encargando después
su manejo a quienes los habían de atender y trabajar,
mediante las condiciones que se estipulasen. Los
particulares normalmente se heredaban de padres a
hijos. Un molino podía llegar a moler más de 3000 kilos
de grano diarios. En cambio la cantidad disminuye si lo
que se molía era harina puesto que necesita quedar más
fina. Esta molienda se cobraba en dinero, pero estaba muy
extendida también la costumbre de cobrar «la maquila», que
consistía en que el molinero se quedaba como pago un tanto
por ciento del grano molido (oscilaba sobre el 5%).

En la parte inferior de
la maquinaria del molino ,
la que se encuentra metida en
el agua, hay una rueda de hierro
con varios compartimentos llamada
«rodete» que es la que gira por la fuerza
del agua moviendo un eje de madera
que, a su vez, hace que se muevan las ruedas
de piedra que están en la parte de arriba.
Estas dos piedras tienen unas estrías que son las
que hacen que el molino cumpla su función de moler.
Una de ellas esta fija y la otra es la que se mueve.
«La limpiadora» es otro mecanismo del molino que sirve
para separar el grano limpio de otras impurezas.
Después el grano se vierte en un cajón con forma de embudo
llamado «tolva» que lo va dejando caer sobre las ruedas de piedra que lo muelen. Cuando en la tolva queda
poco grano suena una campanilla que avisa al molinero para que reponga más cantidad. Una vez conseguida la
harina se pasa por el «cedazo» o «cernedor» para separarla del salvado. Lo mas difícil de este oficio era la labor de
limpiar la piedra, cosa que tenia que hacerse cada dos o tres meses. Había que levantar la piedra con un artilugio
parecido a una grúa llamado «cabria» para poder reparar las piedras o limpiarlas. De esto dependía la calidad de
la harina resultante de la molienda.