Los ganaderos

Durante los veranos una de las labores más importantes que se realizaba en casi todas las casas de los pueblos era “ir a la hierba”, Había que segar los prados cuando la hierba estaba alta y madura, para luego dejar trabajar al “mejor obrero”que se decía era el sol.

Antes de segar, es necesario picar el dalle, que consiste en golpear con el martillo todo el perfil de la hoja, apoyada sobre el yunque, para así machacar todas las irregularidades que se hacen en la hoja al golpear ésta con las piedras. Se hace tumbado en el suelo, generalmente sobre un saco, . Picar el dalle es necesario para facilitar el afilado de la hoja a la hora de dar piedra. La colodra o gachapa es el utensilio donde se guarda la piedra y que contiene agua para ayudar al afilado del dalle durante el trabajo.

Una vez cortada la hierba, cuando está curada, es decir, seca, se atropa en hacinas, si hay riesgo de lluvia, se reúne la hierba en morujas; cada diez o veinte morujas se hacía una montona (San Sebastián de Garabandal). Estas montonas se cargaban en los carros, a razón de una por carro.

En estas labores participaban chicos y grandes y algunas veces se hacían colectivamente entre vecinos. Una peculiaridad de algunos pueblos de la Cuenca del Nansa como Tudanca, Sarceda o La Lastra era la explotación de prados propiedad de todos los vecinos, los llamados «praos-concejo». Siempre son magníficas praderías situadas a gran altura y su siega iba precedida, cada año, del reparto de las suertes o porciones que le tocaban a cada vecino.

La fecha de inicio, siempre suponía una fiesta, en la cual todo el pueblo subía al “prau” donde comenzaba de forma simultánea la siega de todas las parcelas. Después había que bajar por aquellas cuestas tan pindias la carga de hierba con las basnas, que son una especie de trineo, arrastradas por vacas. En otros zonas se utilizaban el corzo o la narria.

En Campoo están los “prados del toro” en los que la siega de estos se hace entre todos los vecinos, y la hierba es exclusivamente para el toro semental del pueblo.

Con las parejas uncidas a los carros había que acarrear la hierba hasta el pajar en aquellos carros llamados chillón o chirrión. Para que no perder la preciada carga, los carros ”se trezaban” esto es, se ataba la hierba con una cuerda pasándola por los pinos del carro. Tenían que prepararse para llevar esta carga que era más voluminosa que pesada, por lo que se le añadía la rabera o angana en la parte de atrás y la gavia, horca o delantera, en el frente.

“Ir a hierba” coincidía siempre con largas y calurosas jornadas durante el verano. Eran necesarias decenas de carros de hierba seca para llenar el pajar y con ellos alimentar al ganado durante el invierno. En su interior se pisaba la hierba para que entrara cuanta más, y en muchas ocasiones la chavalería se ocupaba de esta labor, suponiendo casi siempre momentos, primero de júbilo y más tarde de agotamiento.

Todavía no hace mucho, en la comarca de Pas el sistema de explotación ganadera consistía de forma generalizada en el uso de sucesivos invernales, a medida que en éstos se fuera acabando el pasto. La desaparecida raza de vaca pasiega proporcionaba una excelente leche con la que han elaborado quesos, mantequilla y sus ricos postres: los sobaos y las quesadas pasiegas. Hoy se explotan las vacas holandesas que, además de proporcionar abundante leche, permiten criar ganado para ser vendido. El ganado permanece generalmente encerrado en las cabañas, donde también vive junto a la familia. A diario se siega verde que se transporta sobre la espalda en belortos hasta la cuadra. Agotada la hierba, el pasiego inicia la muda con su familia, sus enseres y el ganado y se dirige hasta su siguiente invernal. Para transportar sus enseres cuenta, generalmente, con el caballo además de sus característicos cuévanos. Los pasiegos hacen uso de varias de estas cabañas y a veces se «mudan» de quince a veinte veces al año.

Esta transhumancia que coincide con las épocas más fértiles de su tierra les lleva a vivir en verano en cabañas llamadas «branizas» y que son las que están situadas a mayor altura, y en invierno en las cabañas «vividoras», que se sitúan cerca de los núcleos de población y son las que durante todo el año albergan a los ancianos y niños.