Este rito transcurría el Miércoles Santo
después de la misa de la tarde en la iglesia de Santa
María, en el casco viejo de Laredo.
El Tronajudas era un personaje atavia-do
con una vieja sotana, unos pantalones bombachos
y su cara y cabeza estaban cubiertas con un
sombrero de paja, lleno de ramas y hojas del que
salían unos cuernos para asustar a los niños.
Representaba el mal, encarnado en la figura de
Judas, aunque por la forma en que iba vestido y el
simbolismo que trae consigo vemos vestigios de
antiguas mascaradas.
Tras el sermón del cura -que terminaba a
grito de ¡A la María!- los niños presentes estaban
esperando el momento de abrirse una de las
puertas laterales de la iglesia. Es entonces cuando
salia el Tronajudas a perseguir a los niños por las
calles del pueblo, y golpearlos con una vejiga de
piel. Este rito de cazador cazado en sus últimos
años de escenificación se hacía alrededor de la
iglesia solo. Los chicos mayores corrían por el
camino y los más pequeños por encima de la
muralla que rodea el recinto. Todos hacían ruido
con carracas y latas de conserva llenas de piedras,
cacerolas, palos y platos viejos, cuernos y una gran
variedad de instrumentos infernales. No faltaba
ocasión en que el pobre Tronajudas recibiese alguna
pedrada de los críos más envalentonados.