Por iniciativa de la Junta Vecinal y de vecinos de San
Sebastián de Garabandal, costeado por algunos indianos, se levantó
este monumento a la entrada del pueblo en reconocimiento al
sufrimiento de las madres, cuyos hijos se sumaron a la emigración. La
población de San Sebastián de Garabandal era de 300 vecinos en los
años 60. Cien de ellos se vieron obligados a dejar su familia con lo
puesto rumbo a Estados Unidos, Alemania, Holanda, Costa Rica y
sobre todo a Méjico, donde en la actualidad se encuentran una
treintena de familias.