Al grito de
¡Al rico barquillo de canela!
hacia notar su presencia el barquillero,
con su barquillera colgada a la espalda en bandolera,
por calles, parques y plazas. Muchos hacían ellos
mismos los barquillos con harina sin levadura, azúcar
o miel y un toque de canela. Los metían en las barquilleras
o bombos, que iban decorados con llamativos dibujos
y frases alusivas a su dueño o su procedencia.
En la tapa, la barquillera, tiene un círculo con
varios números en dos filas rodeados de clavillos verticales.
Tiene también una rueda que gira con una estornejilla que
va tropezando con los clavos al girar. Al parar se queda en
un número. Después de tres tiradas se suman los números y
salen los barquillos que te tocan. Había otros juegos como «la
escontra», «la inglesa» o jugar al «numero mayor o menor».