Se celebra el primer domingo de septiembre
y hay dataciones de su celebración al
menos desde 1840. Marca el final de la labor del
pastor en las brañas, en la vigilancia del ganado de
los vecinos del valle durante el verano . En esta
ceremonia se escenifica la devolución del ganado a
sus dueños por parte de los pastores.
Antaño, en la noche anterior, los mozos de
la zona dirigidos por el “mozo mayor”, hacían
acopio de campanos por los pueblos y los subían
hasta el puerto, con el lógico algarabío, para
encampanar a las reses y prepararlas para la
posterior «pasá». Conseguir colocar los campanos
a las vacas sueltas en el puerto resultaba una ardua
tarea. Los nuevos mozos que se sumaban a la
fiesta, debían además de pagar “la tasa” -vino y
tabaco-, podían ser víctimas de las duras novatadas, como embadurnarles sus caras con moñiga.
Esa noche, el vaquero y su mujer preparaban la
cena -a base de migas- para convidar a los mozos.
Actualmente, al día siguiente, una vez
llegado el ganado a Abiada, las mozas del pueblo
engalanan los animales con unos arcos de flores
de papel previamente confeccionados. Arrejuntadas
las vacas en la campa del pueblo, el
vaquero y la vaquera representan para los vecinos
las “charlas -una escenificación de las autenticas
charlas que tienen lugar en los refugios
del puerto- ” , de cuando ella le llevaba la comida a
su cabaña y le ponía al día de las noticias y los
cotilleos ocurridos en la comarca. La caracterización
de esas “charlas”, casi siempre con toques
pícaros, son el deleite de los vecinos de Abiada,
pese a que siempre alguno sale malparado.