Este sencillo e ingenioso artilugio,
utilizado “pa ir a por agua”, en
algunos pueblos de Cantabria, permitía a
las mozas no solo ahorrarse el esfuerzo
de mantener los brazos erguidos, sino
que garantizaba, en parte, que el agua no
las salpicara con la consiguiente pérdida
del preciado líquido.
También se utilizaba para llevar
los orines del ganado hasta los praos para
utilizarlos como abono.