El antiquísimo ritual del Carnaval de
Invierno o Andruído es común en varias zonas de
Cantabria y esta protagonizado por los Zamarrones.
En Piasca (Liébana), visten de blanco, están adornados
con cintas de colores y tapan su rostro con
mascaras hechas de pieles de animales. Algunos
añaden un cucurucho tan exageradamente alto que
asusta a los chiquillos. Con escobas o palos persiguen
a los niños que tocan los campanos abriendo paso a
las comparsas.
“…Apenas la chiquillería columbraba los temidos
cucuruchos, escapaban cada uno por un lado; algunos,
sabiendo que si soltaban el esquilón las máscaras desistían de
darles alcance, tiraban tan comprometida carga al río o a un
bardal; pero era un deshonor infantil dejarse arrebatar el
campano por aquellos pavorosos monstruos, por más que
enguían los niños crudos y arreaban unos escobazos que
alampaban…”