A la ya dura aventura de salir
a la mar a faenar, luchando contra ventiscas
y galernas jugándose la vida, se añadía la necesidad de
llegar a puerto antes que los demás, a golpe de vela y de los fornidos brazos de ocho remeros por banda
para así poder vender, y al mejor precio la pesca. En su origen, estos barcos se utilizaban para la pesca con
traína, que era una red que cargaba la trainera, dejando un cabo en la playa, sujeto por varios pescadores.
Se trataba de envolver con la red (que se iba largando desde la trainera) el cardumen (banco de peces),
llevando el otro extremo, lo más rápido posible, a la otra parte de la playa, donde, tirando del otro
cabo a la vez, sacaban el fruto de su esfuerzo.
Tal era la hazaña para la gente que
los veía llegar que se reclamó la
gesta como espectáculo.
Fue hacia 1943 cuando
empezaron a venir
tripulaciones de
otras provincias
a competir con
nuestros
remeros
levantando
enorme
expectación.