Gigantillas es el nombre que popularmente se da a los
gigantes y cabezudos en Santander, cuya tradición se remonta al 18 de
febrero de 1789, día de la proclamación en esta ciudad del nuevo rey
Carlos IV.
Los cuatro gigantes reciben los nombres de don Pantaleón, doña
Tomasa, la Repipiada y la Vieja de Vargas, además de los cabezudos Celes y
Terio. Éstos van vestidos como alguaciles, igual que lo que lo hacían durante
el siglo XIX en Santander. Las gigantillas eran acompañadas tradicionalmente
por los chifleros populares: Juan Callejo y el Tío Sixto.
Hasta principios del siglo XX, en todos los acontecimientos que ha vivido
la ciudad, se hacían pasacalles con las gigantillas. El pasacalles se divide en tres partes:
el desfile, el baile y la danza. En el desfile, a ritmo del tambor, se cantaban a las Gigantillas las
siguiente coplas:
Ahí viene don Pantaleón
con su levita y su bastón.
Ahí viene doña Tomasa
con su mantilla para su casa
Ahí viene la Repipiada
con su capota muy entonada.
Ahí viene la Vieja Vargas
cargada de hombros, muy espetada.
Ahí vienen los dos enanos
con sus sombreros como campanos.