Se conmemora desde la Edad Media. La tradición cuenta que por los contornos de Vargas se extendía la peste. Un pobre mendigo que pasaba por el pueblo pidiendo limosna y alimento, al ser tan bien atendido por los vecinos, prometió rezar por todos a fin de que San Sebastián no permitiera la entrada de la peste en el pueblo. Vargas nunca sufrió el azote de la enfermedad.
Desde entonces, sus vecinos, en agradecimiento a aquel hombre, hicieron la solemne promesa de que cada año, el día de San Sebastián, se celebraría una fiesta en la que darían de comer a cuantos mendigos, pobres y personas acudiesen a la localidad. Desde en-tonces, los vecinos colaboraran con los frutos del campo y de su trabajo en la elaboración de un cocido. Un edicto decía:
“…en dicho día la obligación de cada vecino de llevar a los pobres que acuden a la Iglesia olla y pan”.