Antonio Fernández Pando

“Toño, el Pistolo”
1892 – 1988

Este pintoresco personaje, hijo del herrero de Buscove en Pedroso de Villacarriedo, puso tierra por medio, como tantos otros, recalando en Paris allá por los años 20. Después de pasar innumerables visicitudes «pudo quitar el hambre» prestándose de «sparring» (persona con la que se entrena un boxeador para preparar un combate). Para aguantar aquellas palizas le sobrealimentaban, sobre todo de carne, hecho que fue determinante para convertirse en vegetariano para el resto de su vida y ya cansado volvió a su Valle de Carriedo en los años 30.

En su bagaje llevaba una de aquellas nuevas máquinas de retratar, (de las primeras que entraron en Cantabria) y desde entonces no hubo romería de la zona en la que Toño, con su maquina cargada en su cuévano, y con aquella bata que algún día fue blanca, no acudiese para retratar a todas aquella personas asombradas por aquel invento. Su aspecto bohemio con su barba blanca y los pelos alborotados, quizás influenciado por «aquel Paris», hizo de él un personaje singular.

Soltero, con ideas revolucionarias para su época, se le recuerda entre otras cosas por los «baños de rocío» que se daba todas las mañanas, y por lo reacio que era a los médicos y a los medicamentos tradicionales. Le llamaron “El Pistolo” por lo bien que arreglaba las pistolas y se dice que encontrándose enfermo a sus noventa años, le dieron su primera inyección y que murió pensando que le habían envenenado.