1895 – 1978
Natural de Puentenansa, trabajó en el duro oficio de serrador. Su jornada de trabajo comenzaba al amanecer y andaba varios kilómetros hasta llegar al tajo, cargado con el “hachu”, el tronzador y la sierra. En la época que se hacían las traviesas para el ferrocarril, de madera de castaño y roble principalmente, se desplazaba hasta los montes asturianos, estando varios meses seguidos fuera de casa. Amalio hacía unas diez ó doce traviesas al día. Era difícil vivir con esta sola actividad por lo que se dedicó también al oficio de vaquero.