Amado Gómez González

1931 – 2007

Nacido en Carmona empezó a hacer albarcas en el monte con su padre. Nunca se casó y en su pueblo fue herrador, peluquero y sobre todo albarquero. Su simpatía y su carácter agradable le hizo muy popular entre sus congéneres y, sobre todo, entre los numerosos visitantes que pudieron durante muchos años observar cómo labraba sus albarcas en la puerta de su casa. Decía que las mejores albarcas eran de abedul y haya.


Comenzaba haciendo los huecos de las albarcas cuando aún estaba verde (recién cortada) la madera y las dejaba secar durante 2 o 3 meses en su cuadra a oscuras y, sobre todo, que no les diera ninguna corriente. Pasado este tiempo, acababa adornándolas con su navaja. Por supuesto, las albarcas que hacía eran “las carmoniegas”.