En Carmona, el 29 de junio fue costumbre durante mucho tiempo escoger a la moza más guapa del pueblo y “echarle el campanu” en la romería de San Pedro. El “campanu” lo otorgaban siempre hombres casados, por ser más imparciales. A media tarde, en el baile con el sonido bien sea de los piteros o de los gaiteros, un hombre sacaba a bailar a “lo suelto” a la moza escogida como la más guapa al centro de la plaza, se le imponía una cinta o cordón. Igualmente, el día de la pasá de Carmona, se le echaba el campano a las vacas más hermosas.
La tradición de Carmona de echar el Campanu es una costumbre muy arraigada en la cultura local, especialmente en las zonas cercanas a ríos y embalses donde se practica la pesca deportiva. El Campanu es un ejemplar de trucha o salmón que, según la tradición, aparece en ciertos ríos en momentos específicos del año, marcando un evento especial para los pescadores y la comunidad. La costumbre consiste en esperar con ilusión la llegada de este pez, que simboliza buena suerte y abundancia.
Esta tradición tiene un carácter muy especial, ya que requiere paciencia, conocimiento del río y de las temporadas en las que suele aparecer el Campanu. Los pescadores suelen estar atentos a las señales naturales y a las indicaciones de expertos para saber cuándo es el momento adecuado para echar el anzuelo. La llegada del Campanu se convierte en un acontecimiento social, donde amigos y familiares se reúnen para compartir la emoción de la captura y celebrar la tradición.
En Carmona, esta costumbre también está vinculada a festividades y eventos culturales que refuerzan el sentido de comunidad. Muchas veces, la captura del Campanu se acompaña de ferias, concursos y actividades relacionadas con la pesca y la naturaleza. Es una oportunidad para que las familias participen juntas, transmitiendo de generación en generación el valor de respetar y mantener vivas estas tradiciones ancestrales.
Además, la tradición de echar el Campanu en Carmona fomenta el respeto por el medio ambiente y la conservación de los ríos. Los pescadores suelen seguir prácticas responsables, asegurándose de no dañar el ecosistema y de respetar las regulaciones locales. De esta manera, la costumbre no solo es un acto de celebración, sino también un compromiso con la protección de la naturaleza y la sostenibilidad de la tradición.